Luis Posada Carriles. Cienfuegos. Ex preso político. La primera vez que salí de Cuba fue aproximadamente en octubre de 1960, lo hice legalmente aunque había estado conspirando en el Frente José Antonio Echevarría con los hermanos Puente Blanco que tenían contactos en Miami, en cuanto llegué a la ciudad estadounidense entré en contacto con algunas de las personas que estaban vinculada con los campamentos en los cuales se estaban preparando los futuros expedicionarios, pero la misión con la que había venido de la isla era conseguir recursos bélicos para retornar con ellos a Cuba, en ese entonces tuve la oportunidad de entrevistarme con José Miro Cardona y Alfredo Cepero que eran las personas que según me habían informado, eran los que apoyaban desde el exterior la organización en la que yo militaba.

Cuando me dijeron que tenía que regresar a Cuba para dar detalles de cómo ingresarían unos cargamentos de armas y explosivos, lo hice en un vuelo que transportaba a la isla a los llamados repatriados -cubanos que residían en Estados Unidos pero que después del triunfo de la insurrección habían decidido regresar a Cuba- esos viajeros eran recibidos en el aeropuerto capitalino con música y un despliegue propagandístico muy grande, me hice pasar por barbero que regresaba por lo que llevé un equipo completo de corte de pelo, pero en el mismo momento que ingresé al salón de recepción una mujer que le decían Chilsita me reconoció y delató por lo que fui arrestado por la policía y posteriormente entregado, dos días después, a Olo Pantoja, uno de los oficiales castrista que murió en Bolivia con Guevara.

En aquellos tiempos la seguridad castrista tenía muchas deficiencias y cometía muchos errores, por ejemplo, Pantoja me subió a la parte trasera del vehículo sin esposarme y acompañado solo de otro militar, de inmediato vi la oportunidad y decidí fugarme, sin importar los riesgos porque en aquellos tiempos eran muchos los fusilamientos y yo era un buen candidato.

Tengo en la memoria como si fuera hoy cuando el chofer encendió un cigarro usando una fosforera, yo que no fumo le pedí uno, el sujeto de la misma cajetilla sacó el cigarro, me lo puse en la boca y cuando me acerqué al asiento delantero para prender el cigarro vi la pistola de Pantoja al alcance de mi mano, me abalancé hacia el arma a la vez que golpeaba a uno de los militares, en eso la pistola se descargó porque tenía una bala en la recamara, de inmediato Pantoja ordenó detener el automóvil que seguía circulando a pesar del enfrentamiento en su interior lo que determinó que el vehículo se volcara, estábamos cerca de la Plaza Cívica, yo conservaba el arma y estaba apuntándoles, recuerdo que Pantoja me pidió que no le disparara porque tenía familia, de inmediato boté las llaves del carro y salí corriendo, pero no había llegado a una esquina cuando empezaron a dispararme desde el auto, evidentemente los custodios portaban más armas, respondí el fuego y se generó un breve tiroteo, confieso que mi fuga fue un desastre técnicamente hablando pero logré evadir a las autoridades, en ese momento llegó un autobús en el que me subí y aunque en el vehículo viajaban dos milicianos ninguno hizo nada por detenerme, le dije al conductor que me dejara en la próxima parada, tenía la ropa muy sucia, hacía dos días que no me bañaba y seguía con la pistola en la mano, en realidad tuve mucha suerte, tomé un taxi y el chofer al que no conocía no solo no le pagué sino que me dio dinero para que llamara a una persona que tenía el seudónimo de Macalises la que me recogió y de inmediato me condujo a la sede de la embajada de Argentina, al mes de estar asilado salí del país rumbo a México.

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