Por Manuel Trillo

(ABC) Siendo adolescente, Amado Rodríguez luchó contra el dictador Fulgencio Batista y tuvo que salir del país. Regresó a Santiago de Cuba, su ciudad natal, días antes del triunfo de la revolución castrista el 1 de enero de 1959. Se unió al ejército, pero a los pocos meses vio cómo aquello no era la arcadia democrática prometida y también se rebeló. Lo pagó con la cárcel, donde pasó 23 años. Ya con 76, vive en Miami y trabaja en el aeropuerto de esa ciudad. Desde allí ve con dolor cómo el régimen sigue en pie 60 años después.

¿Cómo vivió esos días?

Regresé del exilio el 26 de diciembre de 1958 y el 1 de enero estuve en el parque Céspedes. Era el triunfo de la revolución, pero la cosa estaba imprecisa, había tiroteos. Días después, pasé al regimiento de Holguín a dar servicio. A finales de febrero o principios de marzo empezaron a licenciar sin razón a gente que había luchado, mientras metían a otros en el ejército sin que entendiera por qué. Hubo un motín y dieron una orden demasiado severa e inaceptable, la cual discutí con parte de la tropa. A los pocos días me llamaron y me informaron que, de todo el personal del departamento, yo era el único que no iba a ser licenciado y que el alto mando quería que fuera a la escuela de oficiales de La Habana. Esto no lo acepté y decidí regresar a mi casa y seguir mis estudios en Santiago.

¿Cuándo se volvió contra Castro?

Las cosas no eran como se prometió, volver a la democracia, sino un llamado a rendir culto al máximo jefe de la revolución. Se crearon milicias, los CDR (comités de defensa de la revolución), y empezó la depuración. Todo era militarizar. Se veía claramente que se imponía un régimen no solo dictatorial, como el derrocado, sino mucho más criminal, totalitario. Eso me movió a luchar de nuevo en 1960, primero creando una pequeña organización y luego pasándome al MRP (Movimiento Revolucionario del Pueblo).

¿Qué pasó entonces?

Caí preso en noviembre de 1961. Algunos compañeros de lucha habían sido fusilados y en mi causa fue fusilado Algy Eugenio Font Reyes, a quien le ratificaron su sentencia y a mí me condenaron a 30 años. Yo tenía 18. Pasé por todas las prisiones de seguridad: Boniato, Isla de Pinos, La Cabaña y otra vez Boniato. Allí me cogió el acuerdo para sacar a los presos, pero me negué a salir del país. Volví a quedar preso en 1984. Me tuvieron que celebrar tres juicios y en el último se me condenó a 15 años por «rebelión pensada» y propaganda. Me mantuve en mi posición, sin aceptar los planes que ofrecían, hasta mi liberación en 1989, por una gestión con organizaciones internacionales y el gobierno de EE.UU.

¿Llegó a sentirse culpable por contribuir a la llegada del castrismo?

No, era mi deber luchar contra Batista, porque nadie tiene derecho a dar un golpe de Estado en un país democrático. Había que combatirlo, como luego cuando se trató de imponer un nuevo sistema que no era el ideal democrático y de justicia por el que murió la gente. Estoy muy satisfecho, cumplí en cada momento de mi vida.

¿Cómo eran las condiciones en prisión?

La política penitenciaria con el preso político siempre fue sádica e inhumama, con agresiones, trabajo forzado y asesinatos injustos de compañeros. Utilizaban la agresividad para hacerte ver que mandaban ellos. Si no aceptabas, aumentaba, con encierros, golpizas, ausencia de visitas por un año, alimentación fuera de sentido…

¿Cómo ha cambiado Cuba?

Ha habido una transformación total, porque desde el principio el régimen trató de destruir toda la formación cívica. La moralidad era pequeño-burguesa y empezó a crear «el hombre nuevo», que simplemente era un obediente incondicional que no se enfrentara al régimen. Se ha creado un síndrome de la indefensión adquirida, en el que el hombre solo puede aceptar lo que se le dice. Esa es la realidad en Cuba. Soy y me siento cubano, y es un gran dolor ver que el totalitarismo se ha mantenido 60 años, con el cataclismo que ha creado en nuestra sociedad y cultura.

¿Cómo ve hoy Cuba, con Díaz-Canel y la nueva Constitución?

Estos regímenes no cambian, como el nacional-socialismo o el fascio. Raúl Castro sigue siendo el jefe de todo y las figuras del Gobierno son simplemente decorativas. Cuba no tiene constitución desde 1940. Fue devastada en 1952 con el golpe de Estado de Batista y sepultada el 1 de enero de 1959. Lo que se han hecho son edictos para mantener el poder.

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